26 de noviembre de 2024
Secuestrada en la ESMA y forzada a mentir en una nota: la trama del engaño que expuso la relación entre la dictadura y los medios
En septiembre de 1979, mientras una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitaba la Argentina para investigar la situación de los detenidos, la revista Para Ti publicó un supuesto reportaje a Thelma Jara de Cabezas titulado “Habla la madre de un subversivo muerto”. El caso mostró hasta dónde llegó el periodismo cómplice del gobierno de facto iniciado en 1976
Al no poder evitar la investigación, los dictadores habÃan preparado una fuerte campaña publicitaria para dar una falsa imagen de la situación en el paÃs a los delegados de la CIDH. Desde los avisos gubernamentales y muchos medios de comunicación se martillaba la idea de la existencia de una “campaña antiargentina†orquestada desde el exterior para desacreditar a los militares que habÃan tomado el poder con el sagrado objetivo de salvar a la patria y con ella a la “civilización occidental y cristiana de los embates de la subversión internacionalâ€.
El slogan más difundido que sonaba casi como una consigna polÃtica era “Los argentinos somos derechos y humanosâ€, pero llamativamente no habÃa sido creado por ningún argentino, sino que era obra de Burson Marsteller, una agencia de relaciones públicas y publicidad con sede en Nueva York contratada por la dictadura un año antes para mejorar su deteriorada imagen. La frase se repetÃa en radio y televisión, en vÃa pública y no pocos automovilistas llevaban el sticker en sus vehÃculos.Para entonces, Thelma Jara llevaba más de cuatro meses desaparecida luego de ser secuestrada por un grupo de tareas que la llevó a la ESMA. La habÃan “levantado†el 30 de abril por sus actividades en Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones PolÃticas. La mujer se habÃa sumado al organismo de derecho humanos después de la desaparición de su hijo Gustavo Cabezas, de 17 años, un militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) -que respondÃa a Montoneros- secuestrado por un grupo de tareas el 10 de mayo de 1976. Durante toda su detención la habÃan torturado, una y otra vez, casi sin descanso.El plan era tan sencillo como siniestro: se publicarÃa una “entrevista†a la madre de un subversivo que denunciarÃa el “lavado de cerebro†al que habÃan sometido a su hijo para incorporarlo y utilizarlo. La nota servirÃa para desprestigiar a Montoneros, a los familiares de las vÃctimas y para “demostrar†que Thelma no estaba secuestrada como lo denunciaban Cortázar y el fundador de Amnesty International, Sean McBride. La nota saldrÃa justo cuando la delegación de la CIDH que encabezaba el abogado venezolano Andrés Aguilar estuviera en la Argentina.
Fue entonces cuando el marino Cavallo le propuso la alternativa fatal: o se prestaba al montaje de esa “entrevista†o se podÃa despedir de la vida. Thelma aceptó, pero por otra razón: si aparecÃa en la revista, su otro hijo, Daniel, que estaba exiliado en México sabrÃa que estaba viva.El dÃa anterior a la “entrevistaâ€, un grupo de tareas sacó a Thelma Jara de Cabezas de la ESMA y la llevó a una peluquerÃa y a comprarle ropa adecuada para el montaje. DebÃa parecer una mujer “libre†y no una de las tantas detenidas-desaparecidas en las catacumbas del Estado terrorista.El local estaba casi vacÃo. Thelma y el colaborador se ubicaron en una mesa preestablecida, donde los marinos ya tenÃan colocado un micrófono oculto. En una mesa cercana se instaló Cavallo para escuchar la conversación, mientras que en otra se sentaron Rolón y D’Imperio. Poco después llegaron los periodistas y se sentaron en la mesa donde Thelma los esperaba.
Por expresa orden de Cavallo, Thelma le pidió al reportero que solo la fotografiara a ella y no a sus acompañantes, presentados como “amigos†de su hijo, para preservarlos. Por eso las fotos, en blanco y negro, fueron todas primeros planos. En realidad, lo que se estaba preservando era la identidad de los miembros del grupo de tareas de la ESMA. Cuando comenzó el diálogo de la mujer con el periodista, La Penna se dio cuenta de que se trataba de una nota diferente. “Me quedó grabada la entrevista porque ella era la primera persona que hablaba de un desaparecidoâ€, recordó en una entrevista con BBC Mundo mucho tiempo después. La “entrevista†fue publicada por Para Ti el 10 de septiembre de 1979. En la tapa se la anunciaba asÃ: “Habla la madre de un subversivo muertoâ€.
“La señora Thelma Jara de Cabezas es un testimonio nunca antes contado. Es sacar a la luz la verdad y la infamia que se esconde detrás de grupos con clara e inequÃvoca ideologÃaâ€, pudieron leer ese 10 de septiembre los lectores de la revista, sin imaginar que lo que leÃan de “testimonio†no tenÃa casi nada, porque la supuesta “entrevista†poco tenÃa que ver con las palabras de Thelma que habÃan sido tergiversadas y manipuladas en la redacción de Para Ti.“Mi nombre es Thelma Dorothy Jara de Cabezas. Soy viuda. Tengo 52 años. Vivà separada de mi esposo los últimos 17 años. Mi hijo se llamaba Gustavo Alejandro. Era un chico muy dulce. Sus sentimientos no tenÃan nada que ver con la violenciaâ€, se presentaba Thelma en el artÃculo. Trascartón, la nota apunta al objetivo que con ella buscaba el montaje de la dictadura: “Su desesperación la llevó a recorrer los siniestros caminos que organizaciones subversivas tienen preparados para especular con el dolor de las familias deshechas por su propia culpa, por su polÃtica de odio y de violenciaâ€, dice.La falsa entrevista engañó a miles de lectores, pero su falsedad no escapó a la mirada de más de un periodista. Poco después de la publicación, un columnista de The Buenos Aires Herald, por entonces casi el único diario que se atrevÃa a criticar a la dictadura y a denunciar violaciones de los derechos humanos, sugirió que el lenguaje de la entrevista se parecÃa mucho más al de un militar que al de una madre.
Thelma Jara de Cabezas demoró en conocer el alcance del montaje armado entre la ESMA y Para Ti. Años después le contó a la periodista Claudia Acuña: “No me dan ninguna explicación. Me dicen que la revista Para Ti quiere saber algunas cosas. Me arreglan un poco. El periodista pone un grabador en la mesa y me hace dos ó tres preguntas que no tienen nada que ver con nada. Todo muy seco. El fotógrafo está parado. Se mueve. Parece nervioso. Todo es muy rápido. Después, veo que en la ESMA todos tienen la revista en la mano. Se la pasan. Mirá, dicen. Ellos. A mà no me la muestran. Pero algo pasa después de ese reportaje. Me llevan a una oficina, donde todos los dÃas tengo que copiar algo. Son recortes de diarios, que tienen párrafos señalados. Yo tengo que copiar esos párrafos, a mano. No tiene sentido. Una locura. Todos los dÃas, copiar párrafos. Creo que es nada más que para tenernos ahÃ, obedeciendo, como esclavos. Dura mucho tiempo, unos cuantos meses. En esa oficina, siempre con la puerta cerrada. Un dÃa abre la puerta asÃ, de golpe, un oficial joven, y me grita: ‘Vos nos debes odiar por todo lo que te hicimos’. Le contesto: ‘No tengo ese pensamiento. No odio. Lo que siento es un gran dolor, por ustedes y por nosotros’â€.-¿Existió el reportaje en sÃ? ¿A vos te hicieron preguntas o lo armaron ellos? –le preguntó Daniel.
Esa conversación con su madre es una de las muchas que Daniel grabó desde el exilio y sigue conservado.
La publicación de la falsa entrevista de Para Ti tuvo como consecuencia que Thelma Jara fuera mirada con desconfianza y que incluso se la acusara de traidora por esas declaraciones que le habÃan tergiversado de manera burda e intencionada. Con el tiempo, sin embargo, toda la maniobra de la que fue objeto quedó al descubierto.En el procesamiento el juez describe: “El objeto del reportaje habrÃa sido poner en duda u ocultar la práctica de detenciones ilegales y desapariciones forzadas, incluida la de la propia entrevistada, y de difundir la idea de que la existencia de las desapariciones era una mentira sembrada por las organizaciones de derechos humanosâ€.
Thelma Jara de Cabezas falleció en octubre de 2021, a los 94 años. La maniobra para la que fue utilizada, la “Operación Para Tiâ€, ha quedado grabada en la historia como una de las páginas más negras escritas por el periodismo que fue cómplice del genocidio llevado adelante por la última dictadura.

