25 de abril de 2025
“¡En serio, soy Francisco!“: la historia del primer transexual invitado al Vaticano y los detalles de una reunión inolvidable
Diego Neira Lejárraga desahogó su enojo y su tristeza en una carta que hizo llegar al Vaticano. El Papa no dudó: lo recibió en Roma y le hizo sentir que creían en el mismo Dios
—Soy el Diego Neria Lejárraga pensó lo mismo que pensarÃa cualquiera: que detrás de ese “Número privado†de la pantalla habÃa alguien haciéndole una broma. Enseguida pensó en otra posibilidad: que era un teleoperador con enormes dones de imitador, no sólo para el tono de voz sino incluso para el acento argentino, y que en instantes intentarÃa venderle una nueva lÃnea de celular. Pero del otro lado insistÃan.
—En serio, soy el papa Francisco.—Es que es en serio.
—Mira, en España es la hora de la siesta, a esta hora quiero descansar, asà que llama para hacer la broma en otro horario.—Diego, soy yo, en serio. Tengo delante la carta que me mandaste, y te voy a leer un fragmento para que termines de creerme.
El papa Francisco leyó uno o dos párrafos y entonces Diego neria Lejárraga no tuvo escapatoria: tuvo que creer. Ese hombre al que le habÃa mandado una carta tres meses atrás, en un sobre en el que escribió el código postal que Google le indicaba como correspondiente al Vaticano, respondÃa a su llamado. Diego no lo sabÃa, pero estaba a punto de convertirse en “Muy poca gente sabÃa que yo le habÃa escrito una carta al Papa. Sólo los más Ãntimos. Asà que cuando me dijo que iba a leerme la carta y escuché esos párrafos ya no habÃa duda: era élâ€, reconstruye Diego ahora desde España, donde nació hace 58 años y desde donde conversa con Infobae. Francisco, el Papa argentino que acaba de morir, le dijo: “Leà tu carta, me he enamorado de ella y quiero que vengas a Roma a vermeâ€.Cuando la llamada terminó, les contó a su hermana y a su pareja, Macarena, que el papa Francisco se habÃa comunicado con él y lo habÃa invitado al Vaticano. Y ellas pensaron lo mismo que pensarÃa cualquiera: primero, que Diego les estaba haciendo una broma; después de verlo tan convencido, que alguien lo estaba engañando. Pero era todo cierto.
“¡Hija del Diabloâ€, “¡te vas a quemar en el infierno!â€, “¡tú te has quemado ya!â€. Cuando un cura de la ciudad de Plasencia, en la que vivÃa, le gritó todos esos insultos en la calle, Diego ya habÃa tramitado su nuevo DNI, que reconocÃa legalmente la identidad de género que él habÃa empezado a autopercibir a los 5 ó 6 años. “Todo el pueblo sabÃa que yo ya tenÃa mi nuevo DNI, nos conocÃamos todos con todos. Ese cura me montó un circo de locos y siguió caminando como si nadaâ€.“Yo sentà que hasta ahà habÃa llegado y que alguien me tenÃa que explicar lo que estaba pasando. Desde chico me desahogo escribiendo, asà que en medio de ese dolor y de ese enojo, hice lo que siempre hacÃa: me puse a escribir. Yo no pedà nacer asà ni me estaba resultando fácil ser asÃ, asà que expresé todo en eso que escribÃa y cuando terminé me di cuenta de que tenÃa siete páginas escritas. Pensé ‘¿qué hago con esto?’â€.
“A los 5 ó 6 años yo ya sabÃa que querÃa ser un niño. Pedà a los Reyes Magos una colita, que es como le decimos aquà al pene. Por supuesto, no la recibÃ: no habÃa manera de darme eso que yo querÃa, que era tener el cuerpo de un niño primero, de un hombre cuando fuera más grandeâ€, recuerda Diego.
“A los 9 años me echaron del colegio de monjas al que iba después de que una de ellas me interrogara para que yo admitiera que me gustaba una compañeraâ€, suma. En esos años, debÃa vivir de acuerdo al sexo biológico y la identidad de género asignada al nacer: la de una nena.“Mi madre pasó sus últimos trece años con enfermedad renal crónica. Recibió un trasplante pero no funcionó. Asà que nos pidió a todos en la familia, a mi padre, a mi hermana y a mÃ, que salvo que fuera una urgencia, no nos sometiéramos a una operación. Y yo respeté eso que nos pidióâ€, le cuenta Diego a Infobae.
A veces, le mentÃa a esa madre. Le decÃa que salÃa con amigos pero en realidad pasaba horas en compañÃa de algún perro o en completa soledad. “No lograba hacer amigos pero le decÃa eso para que no sufriera por mi falta de grupo socialâ€, reconstruye.
Aunque la transición fÃsica, hormonal y legal habÃan sido grandes pasos, Diego seguÃa padeciendo el acoso y el maltrato de muchos en el pueblo en el que vivÃa. El sacerdote que le gritó en la calle fue la gota que rebalsó el vaso, y también el motor para desahogar la angustia que acumulaba desde siempre. El desahogo se volvió carta, la carta se volvió llamado, y ahora las puertas de Roma parecÃan abiertas para él.
“Cerca de la Navidad, unos quince dÃas después del primer llamado de Francisco, estaba en Sevilla, donde vive Macarena, mi pareja. Estábamos en pleno paseo con ella, su madre, sus hermanas, sus sobrinos, y me vuelve a sonar el teléfono desde un número privado. Sevilla era un cachondeo total: tiene bien ganada la fama de que allà están las mejores fiestas. Entonces me metà en un negocio para atender, porque ahora sà estaba seguro de que iba a ser desde el Vaticanoâ€, explica Diego.Diego y Macarena esperaron juntos en una sala de Santa Marta, la dependencia del Vaticano en la que el Papa eligió vivir y en la que “La reunión fue como estar pisando el cielo. Yo sentà que estaba con el hombre más importante del mundo pero que, a la vez, eso era lo de menos porque estaba con una gran persona. Francisco fue cariñoso, amable, cálido; súper argentinoâ€, reconstruye Diego.
“Francisco me dio un gran abrazo. Yo en ese abrazo puse todo el dolor que habÃa sentido, que tanto me habÃa hecho sentir la institución eclesiástica, y él me traspasó la confianza que tanto me habÃan robado en mi fe. Me hizo sentir que mi fe era inquebrantable y que el Dios en el que yo creÃa era el mismo en el que creÃa él. Que no era el Dios del castigo y de la culpa que me habÃan vendido, sino el que protege, el que abraza. Ese era mi Dios y ese era el suyo, y ahà se acabaron todas las dudasâ€, se conmueve Diego.
Diego neria Lejárraga tiene como foto de WhatsApp una caricatura del papa Francisco con el traje de Superman. En vez de una “S†en el pecho, tiene la “Fâ€, su inicial. No la puso allà el lunes al enterarse de la muerte del Sumo PontÃfice en Roma: estaba allà antes. “Es que es mi superhéroeâ€, define.
Diego se fue de Santa Marta con una convicción: que podÃa comulgar cuando quisiera. Que nadie le podÃa negar esa posibilidad. Y tenÃa un argumento infalible bajo la manga para oponerle al sacerdote que osara contradecirlo: “A mà me ha dicho tu jefe que yo tengo el mismo derecho que cualquiera de tomar la comuniónâ€.
Después de esa visita a su superhéroe en el Vaticano, Diego habló muchas veces sobre la historia de su vida, el acoso que habÃa sufrido, las heridas que cargaba su cuerpo, la pelea por defender su identidad de género. Haber sido el primer transexual recibido por un Papa le ponÃa cientos de micrófonos enfrente.Está seguro de que ese llamado de un número privado que casi no atiende y que pensó que se trataba de un chiste de mal gusto se lo mandó su mamá, MarÃa. “Creo que fue ella desde el cielo, para que yo pudiera recuperar la confianza en mà y en mi Dios en ese abrazo inolvidable que me dio el papa Franciscoâ€, aventura. Ese abrazo que se guarda para toda la vida.

