Tras años de investigación y un proceso lleno de irregularidades, Cánovas Badra fue señalado como el autor del disparo que mató al joven manifestante. Sin embargo, las pruebas demostraron que el efectivo no había disparado, sino que en ese momento estaba reduciendo a otro participante de los disturbios.
Su caso fue considerado por distintos sectores como una de las tantas causas armadas que se impulsaron contra miembros de las fuerzas de seguridad durante aquella convulsionada etapa del país.
Este jueves, la Justicia ordenó su liberación definitiva, y el ex policía pudo volver a su casa y reencontrarse con su familia.
Después de más de dos décadas, el fallo deja una sensación clara: hoy el poder judicial es, al menos, un poco menos injusto.