17 de agosto de 2021
De América a Europa, un legado de lucha por la libertad, hasta en sus últimos días
Concluida la campaña libertadora se exilia en Europa pero no se desentiende de lo que sucede en el país. La diplomacia en Inglaterra, un retorno fallido y el sable para Rosas. Blazac, Victor Hugo y el ocaso entre los libros y la noche. “San Martín tiene legados múltiples, entre ellos el de ser un gran promotor de nuestra independencia, no solo militar”, dice a Télam el historiador Felipe Pigna. Tercera y última entrega sobre el Libertador a 171 años de su muerte.�
El único retrato de San MartÃn. Es un daguerrotipo que se tomó en ParÃs en 1848. Está en el Museo Histórico Nacional.“Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestrÃa / de Dios, que con magnÃfica ironÃa / me dio a la vez los libros y la noche”, escribió Jorge Luis Borges en el “Poema de los dones”. Lo mismo puede decirse de Don José de San MartÃn, quien terminó sus dÃas ciego y rodeado de los libros de la Biblioteca Pública de Bolougne Sur Mer que le leÃa su hija Mercedes.
San MartÃn habÃa retornado a Europa exhausto por la lucha contra los realistas pero también por el destrato y la persecusión que sufrió en Buenos Aires. Si bien no quiso, ni querrá, sumarse a federales ni a unitarios durante la guerra civil, su exilio no siginificó un retiro de la actvidad polÃtica.
En el viejo continente -cuenta el historiador Felipe Pigna a Telám- “va con una misión estratégica que él mismo se impuso, que es lograr el reconocimiento de Gran Bretaña de la independencia Argentina, cosa que romperÃa la Santa Alianza, es decir la unión de las potencias europeas contra América, algo que finalmente consigue”.
La misión del Libertador no es de ningún modo oficial. En Buenos Aires gobiernan sus enemigos, encarnados en Bernardino Rivadavia, a quien a pesar de todo San MartÃn tiene la nobleza de explicarle sus intenciones en Inglaterra.
“La ingratitud y la malicia de Rivadavia con San MartÃn es enorme””
La ingratitud y la malicia de Rivadavia es enorme, ya que apenas sale San MartÃn de la entrevista que mantuvo con él le manda una carta al Primer Ministro inglés diciéndole que lo va a ir a ver un demente, una persona que está desvariando”, relata Pigna, quien agrega que “por suerte no le hicieron caso y San MartÃn hace gestiones muy importantes para que se reconozca la independencia argentina”.
Ya en el exilio, San MartÃn intenta instalarse con su hija Mercedes en Gran Bretaña, pero el costo de vida allà es muy alto y ni el gobierno porteño ni el del Perú le pagan la pensión. Debido a que carecÃa de fortuna (su único ingreso era la renta de una casa que tenÃa en Buenos Aires) decide cruzar el Canal de la Mancha para instalarse en Bruselas, donde vivirá durante seis años. Recién en 1830 comenzará a percibir lo adeudado y se instalará en Francia, dejando atrás las penurias económicas.
Operativo retorno
Felipe Pigna es autor de "La voz del gran jefe" (2014), una de las últimas y más completas biografÃa de San MartÃn.La guerra de Argentina con el Brasil, que se desarrollará entre 1825 y 1828 y culminará con la creación del Estado Oriental del Uruguay, generó preocupación en San MartÃn, quien ofreció sus servicios. Llegó al Puerto de Buenos Aires en febrero de 1829. Pero nunca desembarcó.
“San MartÃn se entera de que Lavalle, que habÃa peleado a sus órdenes, derroca a Manuel Dorrego, otro oficial que habÃa estado bajo su mando, y que lo fusila sin juicio previo. Sabe también la situación complicada en la que está el paÃs, y decide no pisar tierra para no avalar, como él mismo dice, ‘la dictadura de Lavalle’ ”, explica Pigna.
“San MartÃn tiene una excelente relación con Rosas sin ser rosista””
Antes de regresar a Europa el Libertador se instala en Montevideo y habla con todos, con unitarios y con federales. “Se da cuenta que su nombre puede ser utilizado para desatar la represión de uno u otro bando, y decide irse definitivamente, para radicarse en ParÃs”, señala el autor de “La voz del gran jefe. José de San MartÃn”.
Y agrega: “Entiende, para mi correctamente, que era una guerra civil muy sangrienta, que su nombre iba a ser usado en un contexto de mucha confusión, ya que tampoco estaban muy bien definidos los bandos”.
Rosas y el sable corvo
El mÃtico sable corvo del Libertador está en una sala exclusiva en el Museo Histórico Nacional.San MartÃn, sin embargo, siempre estuvo más cerca de las provincias que de Buenos Aires, de los caudillos federales que de los lÃderes unitarios. Esto va quedar en evidencia una vez más en 1845, cuando Juan Manuel de Rosas enfrenta el bloqueo de la flota anglo-francesa al Puerto de Buenos Aires.
“San MartÃn tiene una excelente relación con Rosas sin ser rosista, cosa que en la Argentina es bastante difÃcil de entender, porque si uno apoya ciertas polÃticas de un gobierno inmediatamente es considerado partidario de ese gobierno. El caso de San MartÃn es muy claro”, asegura Pigna.
Y detalla: “Apoya explÃcitamente la polÃtica exterior de Rosas, la defensa de la soberanÃa, la Vuelta de Obligado, y critica aspectos de la polÃtica interior, como la persecución a la oposición, la mazorca, etc. Sin embargo, sabe que los unitarios no son nenes de pecho y es fuertemente crÃtico con ellos, de hecho sus enemigos están claramente en ese bando”.
El Padre de la Patria “tenÃa una gran capacidad de análisis polÃtico y entiende que embanderarse, en ese contexto, tampoco lo convence. No está completamente de acuerdo con lo que está haciendo Rosas pero defiende a muerte su polÃtica exterior. Por eso le dona el sable en su primer testamento”.
De Balzac a Victor Hugo
Alejado definitivamente de las vicisitudes del RÃo de la Plata, con la tranquilidad económica que supuso el pago de su pensión (normalizado primero por Dorrego y después por Rosas), San MartÃn encontró la tranquilidad que necesitaba y se instaló en ParÃs para que su hija Mercedes complete los estudios.
“Tuvo una vida muy linda en Francia, muy interesante, donde conoció a las grandes figuras de la cultura de la época de la mano de su querido amigo Alejandro Aguado, banquero y mecenas que era empresario de la Opera de ParÃs, lo que le permitió conocer a Honore Blazac, a Gaetano Donizetti, a Victor Hugo, etc, figuras con las que se frecuentaba”, destaca Pigna.
El 11 de agosto de 1946, el presidente Juan Domingo Perón inauguró el Instituto Sanmartiniano. (Foto: AGN)En aquella primera mitad del siglo XIX el Romanticismo campeaba en Europa, y San MartÃn resultaba una figura muy atractiva para quienes valoraban la épica, los sentimientos, el heroÃsmo y la lucha por la libertad y el bienestar del hombre.
“Hay una carta muy interesante -asegura Pigna- donde San MartÃn le agradece a Aguado por haberle presentado a figuras tan destacadas de la cultura, a lo que Aguado le contesta: ‘No se confunda, ellos lo quieren conocer a usted’. Después de todo era el Libertador de América y era muy interesante conocerlo”.
Según Pigna, el final de la vida de San MartÃn en Francia “también fue una época en que disfrutó a sus nietas, las hijas de Mercedes, Merceditas y Pepita; de sus tiempos en Grand Bourg, en Évry, que es una ciudad cercana a ParÃs; de las entrevistas con mucha gente que lo iba a ver, como Domingo Faustino Sarmiento o Juan Bautista Alberdi”.
Los libros y la noche
Longevo para la época, falleció el 17 de agosto de 1850 a los 72 años, San MartÃn padecÃa varios problemas de salud. Si bien estos se aliviaron cuando se instaló en Francia y logró tener una vida relativamente feliz, igual lo afectaban el reuma, la artrosis y el asma.
“Después de los sucesos de 1848 en ParÃs decide viajar a Inglaterra y cuando está a punto de cruzar el Canal de la Mancha conoce al director de la Biblioteca Pública de Boulogne Sur Mer, quien le ofrece alquilarle a muy bajo precio su casa, que está en los altos de la Biblioteca Pública. Como San MartÃn era un gran lector la propuesta lo convence y allà pasará los últimos años de su vida”, asegura Pigna.
El que fue, probablemente, el argentino más importante de la historia vivió menos de diez años en suelo patrio.Sin embargo, al igual que le sucedió a Borges poco más de un siglo después, la noche caerá sobre sus libros. “San MartÃn padecÃa de cataratas, lo operan y por una mala práxis queda ciego”, cuenta el historiador, y detalla que “pasará los dos últimos años de su vida en estado de ceguera, con su hija Mercedes leyéndole diarios y libros en aquella casa de Boulogne Sur Mer”.
La ceguera puede correr un velo triste, pero no puede dañar el tiempo ni la memoria histórica. “Pensar a San MartÃn hoy -reflexiona Pigna- es pensar en una persona absolutamente honesta y coherente en su pensamiento y en su acción: lo que pensaba lo hacÃa y lo que hacÃa lo pensaba”.
“Un gran luchador por la libertad -agrega-, por la independencia, por la dignidad de los pueblos. Un hombre al que le importaban mucho los pueblos originarios, los derechos de la mujer, y que tenÃa una gran pasión por la educación, la cultura y el saber de los pueblos. Una persona que tiene legados múltiples, entre ellos el de ser un gran promotor de nuestra independencia, no solamente desde el punto de vista militar”.
Un hombre. Un luchador. Un prócer. Una voz que supo ser aquello que hacÃa para sà y para los demás.
